Llegar a la clase de Eli, es realmente una experiencia única.
De repente, Eli te invita a probarte con las estrellitas, es decir, con las expertas, no importa si no puedes hacer coreografías con las brazos, debes concentrarte en tus movimientos con los pies. Cuando menos lo esperas, tu cuerpo entero se mueve con facilidad, tanto de derecha como de izquierda. En esta etapa, las palomas, los burritos, el mambo, el cha cha cha, son términos que te resultan no solo familiares, sino también atractivos.
Es verdad que las primeras clases puedes terminar adolorida, cansada y algo frustrada, pero cuando menos lo piensas no solo te sientes contenta con los resultados sino también con tu alma, con tu espíritu, por la entrega que da la profesora y por el agradecimiento que sale de ti y de tus esfuerzos. Además, las rutinas siempre son innovadoras, no se repiten e implican nuevos retos.
Sé que muchos pueden pensar que seguir una clase de aeróbicos o de cualquier otra disciplina es algo banal, es una pérdida de tiempo porque somos personas importantes y ocupadas. Yo más bien pienso que por ser personas importantes y ocupadas, nos merecemos un espacio para nosotras y para nuestro cuerpo, para nuestra salud física y emocional.
Espero que muchos y muchas puedan tener un espacio similar en sus vidas.
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